Por Odón de Buen R. (Carta de despedida de la CONAE en abril de 2003)
Hace ya casi diez años, sentado en la colina frente al estacionamiento de mi trabajo, miraba a lo lejos el resplandor del agua de la Bahía de San Francisco y, con el rumor del aire entre los pinos y de los miles de autos que a lo lejos circulaban, daba vueltas a una de las mejores, pero más dolorosas decisiones de mi vida.
Digo mejores porque, a la larga, las cosas salieron muy bien. Digo dolorosas porque esa decisión, como otras en la vida, prueban su valor en el largo plazo, pero con un pesado precio en el corto. En el caso de esa decisión, regresar a México implicaba dejar un trabajo que me retaba y que gozaba como ningún otro, de vivir en un lugar rodeado de belleza, de que mis hijos fueran a, quizá, a las mejores escuelas públicas del planeta y de muchos otros delicados y finos detalles que ofrece el mundo altamente desarrollado.
Esa fue, como la de otras decisiones, una gestación larga que se inicia con pequeños eventos y circunstancias que te van poniendo frente a la necesidad de una definición. Mi esposa, mujer muy sabia, me dijo, desde hace muchos años, “no dejes que la falta de decisión decida por ti”. En aquella decisión, el percibirnos en desventaja en un mercado laboral muy competido, el ver a nuestros hijos avanzar irremediablemente a una adolescencia “americana”, y el hecho de que nuestra preparación nos pondría, a la larga, en condición de ser muy útiles en México, nos señaló una dirección que, tomada la decisión, seguimos sin pensarlo más.
Hoy día, en un proceso similar por largo y doloroso, he decidido dejar el puesto público que he venido ocupando por ya largo tiempo en el sector de energía. Tras poco más de siete años de ser el jefe de más de 160 personas, donde he vivido una experiencia de extraordinaria intensidad y en la que he enfrentado situaciones que nunca pensé enfrentar y, menos, salir avante, me retiro, por lo pronto, a mi casa.
La decisión ni fue repentina ni fue fácil. La verdad es que, desde hace ya casi un año, el ánimo y la determinación empezaron a decaer. También mi cuerpo, carente de un cuidado adecuado, empezó a reclamar. Sin embargo, el difícil contexto económico del sector público y el riesgo de que la institución en la que embarqué mis afanes por tanto tiempo desapareciera, me hicieron dejar la decisión para otro momento.
Debo decir, también, que en esto pesó mucho también mi opinión de que no es bueno que alguien se mantenga en una misma posición por tanto tiempo. Eso lo digo por mí y por los demás. Las razones del “por mí” están arriba. Por los demás, porque el mundo cambia muy rápido y es necesario que las instituciones, como la tierra de labor, se abran y se ventilen cada cierto tiempo.
Yo sé que esta decisión, a diferencia de otras previas, afecta a mucha gente. A quienes los pondrá en desventaja, mis disculpas. A quienes los ubica ante nuevas oportunidades, enhorabuena.
¿Y qué voy a hacer? Pues, primero, atender a lo que es la materia que me da vida y quitarle todos los nudos. Segundo, como me gusta hacerlo para tomar decisiones, perderme en la exploración imaginaria, en este caso de todos los personajes que puedo ser ahora que ya no soy el joven que fui.
Como algunos saben, tengo una colección de fotografías tomadas durante casi treinta años que he acumulado pero que, también, no he podido organizar y mostrar a mi gusto. Igualmente, tengo la afición por la palabra escrita y estos siete años y medio me pusieron, en charola de plata, vivencias que valen cuentos, ensayos y libros. No faltará (no sé si supongo o espero) quien ofrezca espejitos para que tome un nuevo trabajo con la responsabilidades de un junior, la secretaria de Brozo y las oficinas de Carlos Slim. El tiempo, si hay vida, traerá el personaje que me tocará representar.
Yo agradezco a todos ustedes la inmensa paciencia y el forzado respeto que me tuvieron en esta etapa de “jefe burócrata federal”. Espero que muchos, como antes y como ahora, me sigan dando la oportunidad de ofrecerles mi difícil amistad.
Como lo dicen mis amigos y medio paisanos gringos: “see you around!”



